El viaje en sí mismo es una tarea físicamente exigente. Según datos estadísticos, tan solo un refugio, el Albergue Jesús el Buen Pastor del Pobre y el Migrante en Tapachula, atendió alrededor de cinco mil individuos heridos entre 1992 y 2006.

La mayoría de las heridas son causadas en el trayecto del viaje que se realiza en tren, por lo que éste ha sido denominado el tren de la muerte o la bestia. Para evitar ser capturados por conductores del tren u oficiales de inmigración, muchos migrantes viajan en el techo de los vagones o colgando de los acoplamientos y amortiguadores entre los vagones. Muchos de ellos se caen, muriendo instantáneamente o quedando con heridas graves.

Los que intentan esconderse en los vagones corren el riesgo de morir asfixiados, por lo que han sido llamados ataúdes rodantes.

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